Una de palmeros
Sigamos la historia que me acaban de contar por teléfono. Necesito tiempo para confirmarla tres y treinta y tres veces en otras tantas fuentes. Un periódico. Una redactora que decide denunciar por acoso a un jefe. Otro jefe, no el mismo, se va a comer con ella y le advierte de que si denuncia al compañero no volverá a encontrar curro jamás. Y la hipoteca pesa más que la teta sobada por el baboso.
