Por favor, que alguien me explique de una vez de qué naturaleza es el placer que produce gastarse un euro en enviar un SMS a una emisora de radio, sin más compensación que su lectura en antena.
Esta tarde, en "La brújula" de Carlos Alsina, en Onda Cero, un oyente se ha fundido un euro preguntándose qué pintaba el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el partido Arabia Saudí-España.
El ministro, digo yo, pintaba lo mismo que el Rey, la Reina, Lissavetsky y los ciento y pico más que estaban en el palco del estadio de Kaiserlautern: ver el partido y, por suerte, disfrutar un poco.
Esto de que todo vale para arremeter contra el PSOE empieza a resultar pesadito. Ahora resultará que ni Aznar, ni Zaplana, ni Rajoy, ni Acebes han ido jamás a un estadio... Ya vale, ¿no?
Y lo de gastarse un euro para decir majaderías, sigo sin entenderlo.

Está claro, amiguete: porque en este país hay mucho gilipollas. Y el ser gilipollas y dejarse engañar suele ir de la mano.
Saludos.